Invocación a caballo

4651377-los-angeles-california-area-de-suburbiosSoy joven

todavía en mi pecho late el abismo

Soy joven

y entre mis uñas puedes encontrar clavos todavía

Mi corazón trenzado a un cerezo

porque soy joven

y cuando canto entono un canto hacia el Oeste

y me levanto de amaranto canto un canto de agosto hacia el Oeste

Soy joven

escribo cuando quiero, me martirizo pensando que debería escribir más, me obsesiono hasta causarme sangre en las sienes pensando en los caminos que dejé de recorrer, me mortifico pensando que no debería, que no debería de sufrir por lo que está bien o está mal, sangro por una herida que no existe, creo en el dolor como creo en el frío

porque soy joven

y espero que nadie se muera mientras estoy ausente

porque soy joven

y cuando estoy en la otra esquina del mundo no pienso en la linea del Ecuador

ni pienso en mis padres

y tengo miedo de volver y no encontrarlos nunca más

y tengo miedo de olvidar como se regresa

Soy joven

odio ser joven

Soy joven

en realidad no lo soy tant

Pero soy joven

pienso en caballos

Soy joven

escribo obras, escribo cosas y la gente escupe en ellas porque les molesta mi juventud, y les molesta sobretodo porque piensan que ya no tengo edad para andar metido en determinadas cosas, y yo pienso que seguirán escupiendo en ellas cuando esté calvo con cuarenta y dirán de mis obras que son las propias de alguien que anda metido en cosas, en determinadas cosas, en las que no debería andar metido con cuarenta años, y por ello seguirán escupiendo en ellas, dirán que tuve la vida fácil, dirán que soy un exponente más de de aquella caterva de niñatos nacidos en los ochenta, criados en la democracia, que alimentaron deseos irrealizables enraizados en aguas estancadas (nunca nos faltó de nada, nunca nos faltó de nada, nunca nos faltó de nada), deseos irreflexivos de ser artistas (ni un padre, ni una madre, ni una casa en el recuerdo quizás pintada de azul) y llenar con ellos el

miserable

vacío

acomodaticio

de

sus

vidas,

pero yo me reiré gordo y calvo

temblando aterido

con cuarenta años

porque soy joven

perdono infamias en mis hombros

mi cuerpo se dobla, escucho sueños, mis parpados se abren como semillas

mis brazos me duelen de ganas

mis brazos desean abrazar la cintura

una noche de fuegos en el cielo inflamada

Soy joven

no miento

no quiero mentir, no quiero mentir,

no quiero mentir ni cuando tenga más

miedo

ni solo en una noche sentado en un descansillo de un edificio que duerme

ni solo en una noche entre dos edificios públicos

ni solo en la noche en que atardeció y yo seguí fumando

y no me dio tiempo de buscar a alguien

y me tocó correr todas las calles

y no encontré a nadie

a quien quisiera o mereciera la pena mentir

y al final la pasé solo

maldiciendo el tabaco

y las horas crepusculares

Soy joven

todavía puedo aprender del otro

y el otro me espera

quizás hasta que tenga quizás cuarenta años y quizás esté calvo y quizás esté gordo también y quizás todavía sea Víctor Sánchez Rodríguez e incluso todavía sea joven

e incluso todavía sea joven y emprendamos la mañana

en una fina sábana de tergal turbada, pobre como nosotros

todas las mañanas

las mañanas

las mañanas

las mañanas

las mañanas

las mañanas

la mañana

mañana

quizás mañana

.

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Palabras de Miquel (Materiales desestimados)

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Una ventrílocua en una fiesta de cumpleaños en octubre de 1947 (Fotografía de Jeff Walls)

 

 

Miquel._

Esta mañana casi pierdo el tren. Yo jamás he perdido un tren.

Estuve por ahí toda la noche. No encontré nada hasta que fui al sitio que nunca me falla, al que llego arrastrándome. Allí, detrás de un arbusto o esperándote en un árbol, uno puede encontrar lo que uno quiere encontrar, lo que uno desea de esa manera desesperada.

Pasé todo el resto de la madrugada, una madrugada florecida como el queso, en mi cama, hecho un ovillo con un hombre de otro país. Casi pierdo el tren. Pero yo jamás he perdido un tren.

He llegado con la lengua fuera y un hombre de mi edad, que justo entraba en el tren cuando yo ponía un pie en el andén, se ha girado, me ha mirado y me ha dicho: “¡Hombre, yo te conozco. ¡Del pueblo!”

Me ha temblado todo el cuerpo.

Tenía el asiento al lado del mío. Todo el viaje de vuelta con el típico tío de moral trabajadora, mente sana, carácter sencillo y agradable, afable, algo básico en sus posicionamientos, con el pelo cortado de manera muy clásica, buen cuerpo trabajado en alguno de los equipos locales de fútbol o balonmano, clubes abiertos por el proletariado desarraigado. El típico semental de mi pueblo. Un buen chico, que juega al fútbol, que es informático, que trabaja en verano de socorrista, que tiene novia y ahorra para comprarse un piso y poder hacer con su vida lo que sus padres hicieron con las suyas.

Yo, nada más verlo, he sentido desesperadamente la necesidad de que me dijera: “Oye, vamos al baño”. Y hacer eso que últimamente siempre tengo ganas de hacer.

Pero no. Simplemente me ha dicho:

“¿Qué haces aquí?”

“¿En Barcelona? Vivo aquí.” Le he respondido.

“Y te gusta”.

No le he dicho nada, porque no sabía qué responder.

“¿Y a qué bajas a nuestro pueblo?”

“Tengo una reunión. De amigos. Del colegio. Bueno, del colegio y de la plaza. Ya me entiendes.”

“Sí, te entiendo. Yo también soy de allí.”

Yo también soy de allí. Y eso, para él, significaba algo. Algo que le alegra. Yo no sé quién es ese chico, no le conozco de nada. Pero para él es importante que los dos compartamos el tren hasta nuestro pueblo.

Y de repente, no he querido ir al baño con él.

No he querido conocer sus impudicias, su cara más desencajada y secreta; el grito que da cuando se corre en una boca que le es desconocida y ajena.

De repente sólo he querido dormir.

Sólo quiero ver el paisaje e imaginarme una vida distinta en cada pueblo que pasamos: camarero, dueño de una tienda de flotadores, jubilado, turista accidental que se está tomando un vermut…

Nunca puedo dormir, pero debo dormir. Dentro de unas horas tengo una reunión con mis amigos. Algo que no es fácil.

Los encuentros y desencuentros se pueden explicar a los nietos como si fuera una sucesión de capítulos que dan vueltas sobre ellos mismos, pero que, sin querer, avanzan ineluctablemente hacia el final.  A veces me sorprende como llega un día en el que las cosas se acaban. No me sorprende que, una vez acabadas, nada cambie en la vida de nadie.

Amé para no sentirme una gota más en el desagüe.

 Es toquen però no es toquen. El plàsic és la barrera més efectiva.

Amé para no sentirme una gota más en el desagüe.

Cambiaron los nombres.

Cambió mi cuerpo.

Cambiaron y volvieron las ciudades.

Cambió el zumo que se resbalaba por las fachadas de los edificios en el atardecer.

Cambió la intensidad de la descarga eléctrica en los genitales.

Cambió el lloro seco en miles de noches que se colgaban de un puente.

Cambió el aire.

Cambió el no y cambió el sí.

Cambió el camino que distaba de un sí a un no.

Cambiaron los chicles pegados en las aceras.

Cambió el número del móvil.

Cambiaron las cabinas y dejaron de existir.

Cambió la consideración que teníamos de la vida.

Cambió la mirada sobre el infierno.

Cambió la velocidad y la manera de cruzar la calle.

Cambió el dinero que se gasta en libros y en la búsqueda de sexo.

Cambió el escalofrío en la cama después de toda una noche buscando la compañía sin obtener ningún éxito.

Cambió el consejo de la madre.

Cambió la desgastada queja del amigo.

Cambió el nombre, cambió el verbo.

Cambiaron las ganas.

Cambiaron las baldosas del paseo marítimo de mi pueblo.

Cambió el precio del carburante, y cambió el valor de las cosas.

Cambió el sentido de lo que era trabajar y tener un sueldo.

Cambió la consideración que todos teníamos de la vida.

Cambió el mundo, y nos atrapó en nuestras habitaciones enfrente de dos o tres pantallas.

Cambió el mundo y se escondió en el escote la calma.

Cambiaron los países de las prostitutas.

Cambió mi padre.

Cambió mi familia.

Cambió de domicilio mi abuela.

Cambió la mecedora y el suave sonido de su crujir estival que a veces hastiaba y otras veces sanaba la piel rota y las mejillas ajadas.

Cambió la tela de la sábana de mi infancia.

Cambiaron los bares.

Cambió la nacionalidad de los dueños de los bares.

Cambió el lamento.

Cambió la brisa.

Cambió la lluvia.

Cambió la risa.

Cambió de pueblo mi tía.

Cambiaron a menudo los domicilios y se perdieron en las mudanzas objetos y amigos.

Cambió la alegría.

Cambió Europa.

Cambió el contenido de las estanterías.

Cambió la letra.

Cambió la sombra.

Cambió el ritmo de los andares, la firmeza, la elegancia, el sonido de los pasos.

Cambió el graznido y cambió el ganado.

Cambiaron las fuerzas.

Cambió el cambio.

Amé para no sentirme una gota más en el desagüe.

Amo para olvidar que un día acabaré en él.

Amaré para poder vencer a los basurales.

 

(Incuido en Todas las noches morirán en Agosto)

Himeneo

Miquel i Sigfrid 

¿A quién, novio, podría yo bien compararte?

A un sarmiento frondoso de vid te comparo.

Safo de Lesbos.

Entonces YO

llevaba una vida triste,

entonces.

Llenaba las hojas en blanco de mi cuaderno rojo.

Tomaba té.

Tomaba vermut.

Tomaba cerveza.

Bebía vino también.

Entonces yo

habitaba una noche interminable.

La noche tatuó sombras en mis ojos

para ser reconocido y enjuiciado

por el día.

Un llanto de huesos sordo;

una algarabía de puertas que chirrían;

el arrullo de venenos que fluían

descontrolados

por mi cuarto;

el estruendo de los árboles secos,

morada de buitres,

que percutían la tierra pedregosa y bíblica

cuando caían;

la algarabía de los gusanos

que festejaban en los terrones rojizos;

la estridencia de las manos

que las madres retorcían,

homicidamente esperando,

en los vanos de las puertas

donde yacían;

y el ronquido de mi vecina

y las voces de su tele que anunciaban expulsiones;

y los gritos desesperados de los que arrastraban

su silencio;

y las hostias de los novios;

y los pasos que retumbaban,

como tambores que se distinguen

en el fragor de la batalla,

de los que necesitaban algo de droga

para soportar la noche;

esas muestras de la existencia de Dios,

es decir, de la existencia de los otros,

me acompañaban

en lo profundo de mi noche.

Entonces tú

llegaste,

llenando el piso con la sombra extensa y húmeda

de la parra,

trayendo la modorra,

la feliz astenia,

el estrangulamiento de la sábana.

Con tu existencia invasiva,

extraña y perpleja como la tormenta de verano

que después de caer,

cuando se sorbe como una sopa

el agua estancada en nuestras cavidades

con que nos regó,

se bendice,

¿a qué podría yo compararte?

Ahora el trino del gallo

y el suave viento de levante

me conducen descalzo

hacia la hamaca,

y espero con alivio

los estandartes de tu victoria.

 (Incluido en Todas las noches morirán en Agosto)

Construcción y deconstrucción de feminidades

barbarella-1968

El pasado 21 de noviembre llevamos a cabo en la Facultat de Ciències Socials de la Universitat de València un happening para denunciar la violencia machista. Reescribí para la ocasión un monólogo que tenía en el baúl y que siempre quise representarlo de alguna manera. El monólogo vio la luz en las clases de escritura dramática que hice durante mi formación. En él, una mujer adopta la imagen de Barbarella y con ella una doble máscara: la del personaje y la de Jane Fonda, la actriz que lo interpretaba. El monólogo era el grito de una mujer que necesitaba ser escuchada y que adoptaba la excentricidad para conseguir su cometido. Jane Fonda, mito del erotismo, del feminismo y de las luchas sociales de finales de los 60’s y comienzos de los 70’s, se convierte en la máscara desde la que esta mujer anónima recupera la protesta y la rebeldía. En esta época, que podríamos denominar “el fin del final de la historia”, pues por mucho que los dignatarios occidentales se empeñen en repetir el mantra de NO HAY OTRO CAMINO, parece que los ciudadanos y ciudadanas, poco a poco, vamos entendiendo que jamás hubo final después de la caída del Muro, y que los AUTÉNTICOS CAMINOS nacerán, si nacen, del conflicto.

El acto del 21 de noviembre ha dado origen a un nuevo proyecto, mucho más ambicioso, que llevaremos a cabo entre Teresa Juan y un servidor. La avant propos parte de la hipótesis artística: construcción y decosntrucción de feminidades. El proyecto pretende crear una obra a caballo entre la exposición plástica y la obra dramática que se sostenga, se fundamente y ahonde en la feminidad como concepto/cualidad que se construye y deconstruye. A través de la hibridación de dos esferas de la creación entre las que suele haber poca comunicación, las artes visuales y las escénicas, pretendemos crear una obra de carácter multidisciplinar que ostente la posibilidad de exhibirse tanto en espacios no convencionales (halls, espacios públicos, bares, etc.), como en galerías de arte y museos o salas de teatro convencionales. La obra sería susceptible de adaptarse a la realidad del espacio de la representación.

Os dejo un fragmento del texto que lo ha originado todo y un enlace donde lo podréis descargar:

Descargar el monólogo

En breve tendréis nuevas sobre esta aventura que nos ilusiona mucho.

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Cambio de fechas del reestreno de Nosaltres no ens matarem amb pistoles.

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Laura Aubert interpretando a Marina en un ensayo de la obra

 

Nosaltres no ens matarem amb pistoles aplaza su paso por la Sala Muntaner, que estaba previsto para junio y julio del 2013, para dar cabida a un espectáculo del Festival Grec de Barcelona. La Sala Muntaner nos reserva un mes de funciones en la programación del 2013/2014. En breve anunciaremos las fechas definitivas de las funciones.

¡Salud y Teatro!